No es la Dieta

Es mi historia.
Hay una frase que me gusta mucho de Grace Hopper "Un barco está seguro amarrado a puerto, pero no ha sido construido para eso". Es por esta razón que vivo, experimento, busco, a veces encuentro, otras no, otras encuentro lo que no se me ha perdido. Bueno, es la vida, es el hoy y hay que vivirlo.
Ahora mas que nunca le doy importancia al presente y me gusta pensar así.
 
Existen dos tipos de personas que viven ancladas al pasado: las que mantienen rencores por cosas amargas y las que solo viven recordando su gloria pasada. Igualmente existen dos tipos de personas que viven esperando al futuro: las que piensan que algo malo les va a suceder y las que creen que mañana será mejor que hoy. El caso es que se van pasando los días y no hay avance, seguimos en la misma rutina de siempre y no hay movimiento, ni siquiera reciclamos nuestros pensamientos porque nos quedamos en un estado de sedentarismo absoluto, pensando solo en el ayer o en el mañana.
 
Tengo que admitir que yo misma pasé por esa fase durante un tiempo. Cuando me quedé sin trabajo no era capaz de dejar de pensar en la crisis y esperaba a que las cosas mejoraran, no conseguía trabajo porque sencillamente no se publicaban ofertas en mi ciudad. Un día decidí pensar seriamente en tomar una decisión y después de hablarlo con mi esposo, decidí buscar oportunidades en otro país. Así fue, y salió muy bien. Conocí mucha gente, gente dinámica, creativa, positiva, gente que reflexionaba sobre las cosas importantes y que estaba en constante movimiento. En definitiva me contagié de ese espíritu y al regresar a casa decidí hacer el Camino de Santiago.
 
El Camino ha sido una de las experiencias más extremas que he vivido, no solo a nivel físico sino también mental. Durante esos días vives de otra forma y valoras las cosas de otra forma, cambian mucho tus prioridades y todo pasa a otro nivel. Cuando regresas a casa te sientes con muchas ganas de vivir y de hacer cosas nuevas, pero en lo que pasa un mes ya vuelves a la rutina y así volví yo.
 
Semanas después, con todo preparado para volver a marchar de casa y habiendo conseguido un equilibrio entre mi vida personal y mi vida laboral, sucedió un evento inesperado, a veces le llamo accidente, otras veces incidente, otra experiencia extrema. Sufrí una caída de un caballo y afortunadamente, solo una lesión: fractura de pelvis. Me operaron y tras 21 días en el hospital me llevaron a casa. Estuve 4 meses sin poder caminar y mi familia fue el apoyo fundamental para sobrellevar ese tiempo. Les aseguro que no veía el día en que todo volviera a la normalidad, pero si que llegó y es ahora.
 
No se puede vivir una situación así sin que cambie tu forma de pensar. Nuevamente comencé a valorar las cosas de otra manera, desde poder bajar sola a la calle, hasta poder ponerme tacones.
Todo es importante y al mismo tiempo nada lo es tanto. Con esto quiero decir que en la vida tenemos que saber cuando, donde y con quien, emplear nuestro tiempo y nuestras ganas, a que le dedicamos nuestros pensamientos, nuestras palabras, y lo primero, debemos aprender a cuidar de nosotros mismos porque en la medida que nos cuidemos y busquemos nuestra felicidad propia, todo lo demás surgirá de forma espontánea. No hay que buscar buscando, hay que buscar haciendo.
 
Les cuento esto porque a raíz del incidente aumenté mucho de peso y ahora estoy con 13 kilos por encima de mi peso ideal ¡ouch! por eso quiero comprometerme conmigo misma a cambiar mis hábitos y mi estilo de vida, mi prioridad en este momento es mejorar mi alimentación y moverme más, al tiempo que sigo leyendo e investigando, porque el cuerpo no lo es todo!
Simplemente espero que esto pueda ayudar a otras personas que están en una situación parecida, es por esto que comparto mi historia.
 
La vida es hoy.